sábado, 31 de mayo de 2008

LA REVOLUCIÓN MEXICANA:

¿BURGUESA,NACIONALISTA, O SIMPLEMENTE UNA “GRAN REBELIÓN”?Alan Knight.Dos variantes en particular de esta interpretación de la “fracción de clase” de la revolución merecen ser examinadas más atentamente. Primero, existe una moda de explicaciones bonapartistas (que, de nuevo, exhibe la influencia de Poulantzas y de su escuela). Según este análisis, la Revolución estableció un régimen bonapartista en el que el estancamiento de las fuerzas de clase permitió que el liderazgo revolucionario –el “caudillismo revolucionario” de los sonorenses- asumiera el control político, relativamente autónomo de la fuerza de clases (aunque, en última instancia, en el interés de la burguesía.“la Revolución tuvo ... dos fases diferentes: una en la que el único objetivo parecía ser acabar de cuajo con el pasado; y otra en el que se intentó salvar fragmentos del naufragio del viejo orden”.TocquevilleLas políticas formales, entonces, exhibían una indiferencia hacia las preocupaciones “maderistas” de un gobierno representativo (de ahí la “cruzada” de Vasconcelos en 1929); y un mayor compromiso por un jacobismo impopular en vez de por las cuestiones laborales o la reforma agraria. Pero las políticas formales no lo eran todo. De hecho, mi argumento de un Estado (relativamente) débil, sobre el que se actúa en mayor grado de lo que él mismo actúa, requiere que se le otorgue la debida relevancia otros factores: esto es, a las fuerzas informales (no oficiales) y a las tendencias que ocurrieron sin la autorización (consciente) de ninguna persona. La Revolución –en palabras paradójicas- tuve una faz “burkeana” tanto como una jacobina. Por razones analíticas, estos cambios “burkeanos”, no oficiales, pueden dividirse en políticos y económicos (aunque, en la práctica, se entretejían constantemente, como lo veremos). Políticamente, la Revolución destruyó mucho del viejo orden. Después de 1914-15, es cierto, esto obedeció a una política consciente, a medida que los constitucionalistas –y sus sucesores, como Carrillo Puerto en Yucatán- eliminaban sistemáticamente a sus enemigos.